Los vinos de Madeira han conseguido con el tiempo que las islas atlánticas del mismo nombre, pertenecientes a Portugal, sean famosas en todo el mundo. Su demanda se remonta ya al siglo XVII, cuando los ingleses comenzaron hacerla masiva. Los Madeira dulces se pueden hacer de varias formas: lo más corriente es dejar el mosto en depósitos a temperaturas que van entre los 35 y 50 grados. En otros casos los depósitos son grandes barriles de madera que se mantienen a 45 grados.
En un corto viaje a Sao Paulo, para visitar Expovinis y otra Feria de Vinos Biodinámicos, me quedé “pegado” en estos vinos, muy alabados en algunas catas de vinos dulces de años anteriores, principalmente por su nobleza, por su versatilidad. Vinos que pueden guardarse muchos años y que seguirán creciendo en botella, sin duda. Este Justino’s Madeira Colheita 1995 hecho completamente con negra mole o tinta negra entrega una deliciosa nariz almibarada, con cascos de damascos, frutos secos y leves toques de madera, producto de su envejecimiento.
La boca es elegante y larguísima, nada de empalagosa. Hay matices ácidos y amargos y eso resulta placentero. ¿Dónde comprar? ¡Uf! En Chile no hay. Quizás lo más próximo sea en Brasil, en Sao Paulo en Casa Santa Luzia, Alameda Lorena 1471, Jardins.
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Vinos de Proa: degustación de vinos del Valle de San Antonio









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