Nos habíamos quedado un poco con las manos vacías, en cuanto a rieslings, me refiero. Doña Isidora de Cousiño Macul entro en un área más marketera, más comercial, diría yo. Eso le quitó un poco de alma, se fue a las nubes el alcohol; prefirió una fruta bien tropicalona y se puso muy pesado en boca. Perdió un poco de agilidad y frescor. Lo conversamos con algunos amigos y pensamos que fue una lástima, porque dejó de ser un extraordinario vino a precio de huevo.
La Viña Leyda tiene un riesling, pero no se por qué siempre pasó inadvertido. Me encontré con la cosecha 2006 en la Vinoteca, pero fue esta, la del año 2007 la que me llamó fuertemente la atención en una visita por el día que hice junto al Pato Tapia al Valle durante el verano.
Ahora ya en tiendas (lo encontré de casulidad en una en Chicureo, que ahora no recuerdo) puedo decir que este riesling debería estar entre uno de los mejores de Chile, que son pocos, por cierto. La nariz transita entre flores y frutas, como algo de toronja y un marcado matiz mineral, que se expresa como tiza. A pesar de que su alcohol es alto (14 grados) no esconde ese lado mineral que también está en boca. Hay algo también de piedra triturada y un leve arranque de alquitrán. Muy buen exponente de la variedad. Para tenerlo bien en cuenta.


¿Hay algo para rescatar del pasado del vino chileno?









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