Acercándose ya a los 10 años de vida la muestra Cata & Vino cambió su escenario y ahora tiene una carpa climatizada en el Centro Cívico de Vitacura, a un costado de la Municipalidad, en la Av. Bicentenario, un espacio, creo yo, menor proporcionalmente para los vinos que habían tenido las versiones anteriores que se desarrollaron en los salones del Hotel Sheraton.
Esta vez el lugar se dividió para darle cabida a otros productos gourmet, como chocolates, aceites, quesos, tés, quienes siempre estuvieron en los pasillos de la entrada a los salones del hotel. Esto trajo como consecuencia una reducción del espacio para las mesas y los productores de vinos y por lo menos la primera noche se hizo difícil probar con calma, pues la carpa parecía más un hormiguero de gente que un salón de degustación. De vez en cuando aparecía una cámara de video conectada con una señal interna y en forma directa los enólogos o encargados de las viñas transmitían una pequeña introducción sobre sus vinos a las pantallas gigantes del lugar, pero con tanto ruido era casi imposible entender cosa alguna.
Y ahora a lo que vinimos, a probar vinos, a buscar las nuevas cosechas, principalmente los jóvenes sauvignon blanc que hacen su debut de la reciente cosecha 2008. Reconozco que no me gustaron principalmente porque muchos de ellos, los que provienen de Casablanca, estaban marcados por una nota a sudor, a encebollado. Mi amigo Méndez bromeó con el asunto y dijo que les faltó una pasadita por el desodorante. Fuerte experiencia.
LLegamos y nos sirvieron la copa del sauvignon blanc de Los Vascos. Mucho cebollín. Plano y fome. Paso. Luego el De Martino Single Vineyard, ¡un olor axila insoportable! en la boca estaba bien, pero nuevamente aburrido. A un costado de De Martino, Coco Peralta a cargo de los vinos de Quintay, pero, pero… más sudado. Coco se encogía de hombros. Más cebollín y una boca un poco más que correcta.
Me acerqué al stand de Indómita que estaba a cargo de la hermana de una muy buena amiga, Daniela Raffo, pero sólo para reconfirmar que el sauvignon blanc se pasa peligrosamente de alcohol y en algo delicado como esa cepa molesta demasiado. Ahí mismo pero un buen rato después, probé su nueva línea que incluía un pinot noir del 2006, pero nada que hacer. En Chile no hay ningún pinot decente. La sobremadurez y el consiguiente alcohol alto más el uso o mejor dicho el abuso de la madera dejan nos dejan sin alternativa.
De chardonnay poco, casi nada, salvo el de Kankura, Fleurs Blanches, sin nada de madera, bien fresco, leves notas minerales, un especimen frente a todo lo que hay actualmente en el mercado. De la misma viña, antes que se me escape, un malbec denso, de un color profundo, aún sin fecha de salida al mercado, pero con unos taninos que se mejorarán con una buena guarda y lo mejor de todo, acidez. También el Kankura Fleurs Rouges unoaked syrah 2006, que dan ganas de seguir tomando, nada de cosas pesadas, con notas típicas de la variedad, como carne asada y toques de especias.
Y saltamos nuevamente a De Martino que en su línea Single Vineyard mostró dos buenos vinos: carignan El León 2006, ya lo habíamos probado y sabíamos de su consistencia, salvo un exceso de madera y Old Bush Vines Limávida 2006 una mezcla de cepas antiguas de viejos viñedos en el Maule, entre ellas tannat, malbec y otras no apuntadas en la etiqueta. Tiene una super estructura, macizo, compacto, pero seguro que se desarrollará bien con algunos años en botella.
De Limarí una pequeña bodega, Ocho Tierras, que vende en Santiago en los Unimarc del sector oriente y en Líquidos, una pequeña cadena que expende licores y vinos. El sauvignon blanc del 2007 no mostró esa nota sudada, pero en el paladar estaba plano. En una año había perdido todo su frescor. Lo más interesante estaba en su línea de syrah, uno sin madera (cosecha 2007), otro con 3 meses de guarda en barrica de segundo uso (también cosecha 2007) simple y directo acercándose mucho a la tipicidad, el mejor de los tres y el último con 12 meses de paso por barrica (cosecha 2006), goloso y marcado por los tostados de la madera.
Al final de la noche y cuando el apetito nos tenía intranquilos, Max Eyzaguirre, amigo de catas y socio de los vinos Pengwine, defendió algunos de los pinot que había en la feria cuestionando nuestros duros análisis sobre la cepa en Chile, argumentando juventud y teorizando una favorable evolución de aquí a los próximos 5 años. No concuerdo para nada con eso. Los pinot chilenos son imbebibles, les falta frescura, la madera los domina y se pasan de extracción. ¿Por qué se exagera en el color si un buen pinot es delicadeza en todo sentido, elegancia y mucha sutileza? Que no me vengan con cosas de estilos de nuevo mundo o vinos modernos.
Pongo un pie fuera de la carpa y la sensación que me queda es que no hay casi nada nuevo bajo el sol, o la lluvia, en este caso, que nos acompaña hasta la bajada de los estacionamientos. Los vinos chilenos están al debe. He leído que los enólogos quieren vinos menos alcohólicos, más livianos, pero en la práctica no lo veo. Por mientras espero las próximas ferias o galas, como las llaman algunos a fines de septiembre la del Hotel Plaza San Francisco y en noviembre en Casas Lo Matta. Salud!


Viejas Tinajas, Cinsault 2011, Viña De Martino









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