
Más vale tener amigos que plata, dicta el refrán y eso he podido comprobarlo en muchas etapas de mi vida. El Embajador de Hungría en Chile, József Kosárka, es de ese tipo de personas, un amigo del vino. A través de sus invitaciones a catas y degustaciones he podido tener una cierta idea sobre los vinos húngaros, que es mucho más que sus grandes y complejos Tokaji. Lamentablemente y por culpa de la crisis económica el gobierno húngaro decidió cerrar su representación en Chile y el Embajador dejará nuestro país a fines de agosto.
Y antes de empezar con los vinos un par de datos históricos. La Kadarka es una cepa originaria de los Balcanes y según algunas versiones proviene de la región del Lago Skadar/Skutari, que se encuentra en la frontera entre Albania y Montenegro. Llegó a Hungría en el siglo XVI traída por los pueblos serbios que huían de la invasión Otomana. Lo que no de ja de impresionarme es que estos grupos étnicos no escapaban sólo con sus bienes, sino que además con parte de sus tradiciones, quien sabe de que manera, pero con el objetivo claro de darle continuidad a su propia cultura del vino.
Durante muchos siglos la Kadarka fue la primera variedad roja húngara. Llegó a tener la mitad de todos los viñedos plantados, hasta que la filoxera acabó practicamente con la variedad. Fue replantada principalmente porque se aclimata bien y soporta largo periodos de sequía. Ya durante la época de producción colectiva, en 1960, por ejemplo, fue el 23 por ciento de toda la superficie plantada. 10 años después bajó al 18 por ciento y en el 2000 sólo contabilizaba el 1,1 por ciento de todas las vides. Esto se debió principalmente a la introducción por parte de inversionistas extranjeros de cepas bordalesas.
En términos organolépticos la Kadarka tiene algunas similitudes con el Pinot Noir: son vinos más bien ligeros, especiados, con notas a frutos rojos y de una acidez fresca. La degustación fue esta vez (la última fue en Wain) en la tienda de El Mundo del Vino de Isidora Goyenechea, que ya está pronta a trasladarse al nuevo edificio donde está el hotel W, frente a la Plaza Perú. Fueron ocho vinos cuyos precios se movían entre los US$10 y los US$30. Partimos con un rosé de Kadarka, luego tres vinos simples, delicados y muy frescos hasta llegar paulatinamente con los últimos cuatro a vinificaciones más modernas con una mayor influencia de la barrica. Y para cerrar, como no, un Tokaji Aszú 6 puttonyos, el súper bonus track de la tarde.
Wunderlich, Villány Rosé 2008. Bonito color salmón con matices marrones. Delicada nariz de agua de rosas, humo y hoja secas. Me gustaría ver un rosé así en Chile. El rojo intenso de los que se vinifican en Chile se parecen más a un jugo de frutilla que a un vino. En boca se siente algo graso, pero sin perder su acidez.
Szent Gál Kastély, Szekszárd 2007. Simple y delicado vino. Mucha fruta fresca y especias en nariz. En boca es tan agradable y fresco que dan ganas de otra copa. Este es un Kadarka de tomo y lomo.
Dúzsi Tamás, Szekszárd 2006. Personalmente este es el vino que a mi más me gustó. Sencillo y puro. Sus aromas conforman un perfume exquisito y equilibrado que pasan por la pimienta blanca, el grafito y las frutas ácidas. Mucha mineralidad tanto en la nariz como en el paladar. Los taninos se comportan como pequeñas agujas y la acidez le deja un apriete en el final de boca muy agradable.
Takler, Szekszárd 2007. En las botellas anteriores estábamos en niveles de 12,5 de alcohol, ahora saltamos a los 13,5. Esta nariz se nota más madura y dulce, aunque a niveles razonables al igual que el uso de la barrica. Es un vino correcto, sin sorpresas. Termina corto y eso le quita chispa.
Vylyan, Villány 2006. Es la nariz más austera de la tarde. No dice casi nada. Si esto fuese un show, sus pesos los valdría en los taninos finos y su buena acidez, pero no más que eso. Tiene buen recorrido en boca. Se deja beber bien.
Günzer, Villány 2007. La nariz es una mezcla de tostados de la madera con especias. Hay algo de cardamomo y pimienta negra. A varios de los presentes les gustó. Hablaron de complejidad y le auguraron mejor futuro. Yo no me subí a ese tren y preferí dejarlo como un rico vino, con rasgos de modernidad, pero jugando en el límite.
Sauska, Villány 2007. Este es un vino hecho por Ximena Pacheco, enóloga chilena que trabajó un par de años en Hungría. Ya había probado este vino en la cata anterior de húngaros y mi impresión es la misma: mucho dulzor tanto en nariz como en boca. Vainilla, humo y tostados. Definitivamente no gusto de estos vinos.
Thummerer, Eger 2006. Este vino me sacó de mis casillas, pero no en un sentido negativo. Pese a tener un alcohol demasiado alto para un vino tinto (15,5%) se mantenía fresco. El enólogo, cuenta el Embajador Kosárka, cosechó a propósito tardíamente, pero extrajo poco para hacerlo más liviano en boca. Es un vino distinto. No me había encontrado con algo así antes. Fruta licorosa, con notas a marrasquino, pero sin llegar a ser empalagoso como jarabe. Conseguí llevarme lo que quedaba de la botella para buscar impresiones con los amigos de catas, pero no compartieron mi sorpresa. Faltó vino para haberlo discutido más.
Szabó Dániel, Tokaji Aszú, 6 Puttonyos 1999. La nariz de este tradicional Tokaji es muy compleja. Huele a moho, acetona y algo de yodo. Tiene las notas dulces de la miel, cascos de damascos y mandarinas. En boca hay un elegante equilibrio entre dulzor y acidez. Naranjas ácidas. Larguísimo. Uno de los mejores que he probado, sin ser muchos tampoco.

¿Hay algo para rescatar del pasado del vino chileno?









4 comentarios en “Asunto Kadarka”
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Vinos y Copas – Asunto Kadarka « Sobre Vinos - Julio 27, 2009
Quiero ser embajador………
cocoperalta
cocoperalta - Julio 27, 2009
Coco: te quieres dedicar a la diplomacia ahora??
Coco:
Juan Ernesto Jaeger - Julio 27, 2009
es muy tarde? lo de diplomatico lo llevo en la sangre…….
cocoperalta - Julio 27, 2009