Primero que nada, lo siento. Se que dejé mucho tiempo sin escribir en este blog, pero en las últimas semanas me llegó una marejada de trabajo que no me permitió sentarme con calma a levantar un tema en este rincón. Pero no quiero dejarles más excusas y lateras explicaciones sino que notas de vinos y las historias que se tejen junto a ellos.
Uno que sigue más de cerca estos asuntos del vino y bebe bastante más que el promedio, habitualmente es blanco de la siguiente pregunta: ¿qué vino me puedes recomendar? Ayer en la noche entré a Facebook (cosa que hago muy de vez en cuando, porque me parece un tanto aburrido) y tenía varios mensajes pendientes de leer. Ya no recuerdo si tres o cuatro eran de amigos o familiares preguntándome por algún vino. Desde Bogotá un primo que sabía desde hace tiempo mi afición me contaba que en sus reuniones sociales la cerveza poco a poco se había ido reemplazando por una copa de vino y que a él le comenzaba a interesar el tema, pero que sabía poco.
Sus dudas aumentaron cuando se enfrentó a las estanterías del supermercado. Fue por eso que me escribió el mensaje y me pidió si podía recomendarle un buen merlot chileno. Yo le dije que en general los merlot chilenos eran bastante aburridos y que intentara con un syrah, así, a ciegas porque no sabía que etiquetas llegaban al mercado colombiano. Hasta la fecha no se de resultados ni del éxito de mi recomendación, pero más allá de si el vino le hubiese gustado o no, la pregunta que me hago para la reflexión es: ¿existen los bueno vinos?
Si dejamos de lado nuestras particularidades todos los vinos deberían tener su grupo de seguidores y por consiguiente no deberían existir vinos malos. Claro, eso debería funcionar así, sin ningún tipo de filtros ni prejuicios, pero como el vino es una experiencia absolutamente personal y hay quienes han logrado cultivar un gusto bien definido, aparecen los defensores y detractores de la modernidad y el tradicionalismo, del vino comercial y aquellos con más carácter, sobre el uso de la madera y sus excesos y así cada uno pone los límites de lo que debería ser un buen vino. Por eso es que cuando me piden recomendaciones lo primero que pregunto es por la cantidad que se quiere gastar en una botella y trato de adivinar ese gusto personal, aunque yo ni quiera piense en comprarme ese vino.
Por suerte no hay concensos ni consejos definitivos. Al final un buen vino es tema de cada uno. Son los sentidos los que definen y a esto se suman las emociones personales, los placeres de la expectativa, el recuerdo y la satisfacción de haber compartido una buena serie de copas, entre tantas otras cosas y si me apuran un poco nunca voy a olvidar un Almaviva 2001 que compartí con una chica muy especial, comiendo una pizza en una noche inolvidable. Así también hay vinos que he sabido apreciar por la pureza y armonía de sus aromas y el equilibrio y la sintonía que han alcanzado en el paladar, como por ejemplo, un Vieux Châteu Certain, Pomerol 1970 un vino que me mostró con nobleza todo el poder de evolución que puede llegar a tener una botella.

Dentro de esta categoría, los que para mi resultan buenos vinos, también cabe este Vin Jaune, Côtes du Jura, Luc et Sylvie Boilley 1986. Los vinos amarillos, como se les conoce en términos genéricos a estos tan particulares vinos de la D.O. Jura, se pueden describir como la versión francesa del jerez fino, pero con menos grado alcohólico. Se elaboran con la varidad Savagnin y tienen un carácter inigualable. Esta botella la trajo Christophe Bristiel quien está a cargo de los vinos de la Viña Kankura en el Valle de Colchagua y que ahora vive en Marsella. La compartió con el grupo de catas y de verdad que se agradece.
Un elemento básico para los vinos amarillos es el oxígeno. En este caso funciona como un aliado y no como enemigo. Eso le da ese carácter típico oxidativo en nariz, que según Hugh Johnson, el crítico inglés de vinos, no es para neófitos ya que sin la experiencia previa es muy probable que no se logre entender. Durante su proceso de envejecimiento, se produce una alta evaporación, con lo que se explica la poco tradicional botella de 620 ml de este tipo de vinos que es lo que queda de 100o ml después de su paso por seis años en barrica.
Este Vin Jaune del Domaine Boilley, tenía una nariz salina muy especial y con esa característica oxidativa que lo hace original y complejo a la vez. Además había notas yodadas, un poco de nísperos, frutos secos y algo de chancaca. En boca impresiona por su acidez y eso me hace pensar que a sus 23 años de cosecha está en plena juventud y con mucha vida por delante. El vino se pasea por el paladar con mucha gracia y tiene un final larguísimo. En consecuencia con la nariz, en la boca conviven con gran armonía las notas saladas de almendras y nueces con frutos tipo dátiles. Aplausos y ovaciones de toda la platea para este exponente de Jura. Por cierto, la segunda foto que acompaña este tema es obra de Felipe Méndez. Salud!

Emoción Syrah reserva 2006 Starry Night Winery









4 comentarios en “Vin Jaune, Côtes du Jura, Luc et Sylvie Boilley 1986”
De verdad muy bueno el Vin Jaune. La nariz se parece bastante a un fino por la típica nota de oxidación, pero es mucho más vino, más complejo, y en boca tiene un volumen mucho mayor. Creo que habría aguantado varios años más sin problemas (oye, 2009 menos 1986 son 23, no 33) . Saludos, Gerhard
Gerhard Reinecke - Octubre 17, 2009
Corregido el error. La verdad recuerdo haber sacado cuentas y que daba 23 años y no se por qué apunté 33. Gajes del oficio. Gracias!!
Coralo
Juan Ernesto Jaeger - Octubre 17, 2009
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